Kōken y Shah Jee se conocieron y, conmovido por la integridad y la fe cristiana con la que Shah Jee cuidaba a niñas y niños en situación extrema, Kōken sintió el deseo profundo de ofrecer apoyo desde su propio compromiso espiritual con la vida. Al principio, Shah Jee y su hermana acogían en su propia casa a menores abandonados, huérfanos o en riesgo de esclavitud y abuso, una realidad tristemente frecuente en Faisalabad. Con muy pocos recursos, les daban alimento, refugio, juego y educación cristiana, enfrentándose incluso a riesgos por su fe en un contexto de tensiones religiosas. Su entrega era silenciosa, humilde y profundamente transformadora. Movido por esa labor, Kōken comenzó organizando pequeñas colectas esporádicas. La respuesta fue tan generosa que pronto se hizo evidente que aquello podía crecer. Personas de distintos países se sumaron, tocadas por la dignidad de la causa y la transparencia del trabajo. Así, lo que empezó como un gesto puntual se convirtió en un proyecto estable, con raíces profundas y una red de colaboradores en España y otros lugares del mundo. Gracias a ese impulso colectivo, se dio un paso decisivo: fundar una escuela gratuita, un espacio seguro donde niñas y niños pudieran aprender, crecer y recuperar la esperanza. Hoy, Espíritu Solidario es un puente entre creencias, culturas y corazones. Un recordatorio de que la solidaridad auténtica no necesita uniformidad, sino voluntad de encuentro. Y sobre todo, es una comunidad que cree que cada vida merece dignidad, cuidado y futuro.







